ALQUITARA

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jueves, 25 de febrero de 2010

VIERNES 5 DE MARZO.....LOS PARPEL ( TRIBUTO A DEEP PURPLE).






En Madrid, a mediados del 2001, un grupo de músicos profesionales deciden rendir tributo a una de las bandas de rock más importantes de todos los tiempos, Deep Purple.
El resultado se materializa como uno de los directos más impactantes de los últimos años. Nacen Los Parpel y, con ellos, la oportunidad de disfrutar de los temas de la legendaria banda británica como si de la formación original se tratase.

El grupo lo integraron en una principio Jaume Plà a la guitarra, Tony Ferrer al bajo, Boris Kurtev en los teclados y Toni Menguiano como cantante solista. También formaron parte de los primeros ensayos Sergio Graña o Luis Goñi pero la banda quedaría finalmente consolidada al incorporarse Bernardo Ballester, el batería.

El objetivo fue elegir un repertorio que abarcase la época dorada de Deep Purple con el fin de interpretarlo de la manera más fiel al original, tanto en la ejecución de los temas como en la selección de los sonidos.

La banda adquiere en poco tiempo personalidad propia e imprime a las canciones tal fuerza y energía que provoca llenazos en los locales donde suelen actuar. Sus directos se hacen principalmente en Madrid aunque, desde entonces, también son habituales de ciudades como Béjar, Plasencia, Pamplona, Castellón, Ponferrada…

En la actualidad, Los Parpel continúan enriqueciendo su repertorio, incorporando nuevas canciones con dos metas básicas: aunar todos los temas pilares de la carrera de Deep Purple y satisfacer las preferencias de su público.
Con una duración de más de 2 horas, los shows de Los Parpel, destacan tanto por la calidad de sus integrantes, como por la fidelidad al sonido 70´s y a los arreglos originales de temas como Smoke On The Water, Highway Star, Black Night, Speed King, Lazy, Space Truckin´, Burn , Perfect Strangers y un largo etc.

miércoles, 24 de febrero de 2010

ROBERT JHONSON,LA LEYENDA BLUES DEL PROFUNDO SUR



FERNANDO NAVARRO
EFE EME

–¿No va a usar la historia, señor Scott?

–No, esto es el Oeste, si la leyenda se convierte en un hecho, publica la leyenda.

“El hombre que mató a Liberty Valance” (”The Man Who Shot Liberty Balance”, 1962), dirigida por John Ford.



La leyenda dice que Robert Johnson vendió su alma al diablo en un cruce de caminos (”crossroads”) a cambio de aprender los secretos del blues. Al parecer, después de aquella medianoche, aquel músico rudimentario regresó a los tugurios y salas de actuaciones convertido en un maestro, con un estilo de guitarra que dejó boquiabiertos a propios y extraños mientras la agonía formaba parte de sus historias cotidianas, retratos de un negro del sur estadounidense que huía de su pasado y de su presente, camino de ninguna parte. No hay hechos que lo confirmen, pero poco importan los hechos en el Oeste y, en definitiva, en Estados Unidos, un país que necesitó ya en el siglo XIX registrar su historia temprana a partir de la mitología nacional con el objetivo de reforzar la tambaleante unión de sus numerosos Estados.

El misterio ha girado siempre en torno a la figura de Robert Johnson, el bluesman que sintetizó los sonidos originales del Mississippi. Al igual que nadie puede decir con precisión dónde nació el blues, aunque los datos de los musicólogos sugieren que fue en algún lugar del vasto territorio que se extiende desde el interior de Georgia y el norte de Florida hasta Texas, donde esclavos negros del algodón cantaban sus penas o alegrías en las plantaciones; tampoco nadie puede decir con precisión cómo Robert Johnson aprendió a tocar la guitarra y a hacer sucumbir al oyente con sus amores de paso, sus historias de hechizos o su tristeza masticada.

Los pocos datos que se conocen de su vida ilustran, eso sí, al prototipo de hombre negro del sur, con fuertes raíces africanas, castigado por su condición en tierra del Nuevo Mundo y sin más esperanzas de futuro que los sabores del sexo o el alcohol. Nacido en 1911 en Hazlehurst, localidad rural del Mississippi, lo más normal es que Robert Johnson vendiese su alma al diablo por llegar a ser algo en la vida. Sin un padre en casa, que según algunas biografías tuvo que huir del hogar porque unos terratenientes blancos querían lincharle, y en pleno corazón del Black Belt (cinturón negro), donde se concentraba desde la creación del país la mayor población esclava de EE UU, se casó joven, a los 18 años, como tantos en esa hacienda. Pero su mujer murió al año siguiente mientras paría. Tal vez, por todas esas cosas, no buscó solo refugio en el blues, más bien buscó su manera de existir.

Johnson, que aprendió a tocar atendiendo a dos pioneros como Son House y Willie Brown, representó al músico forastero, el ideal de cantante de blues. Su motor de vida era ser libre para ir de aquí para allá, viviendo desahogadamente cuando corrían buenos tiempos y trabajando cuando éstos eran duros. Se trataba de vivir, por lo general, tan bien como se podía y marcharse del lugar cuando se sentía insatisfecho o descontento. Como asegura David Evans en el magnífico libro “Nothing but the blues”, evitaba estar unido a la tierra, como otros trovadores del blues, ya que significaba una pérdida de movilidad y aceptación social. El músico prefería cantar y tocar a cambio de propinas en las esquinas de las calles, parques, trenes, barcos, salones de billar, bares, cafés, prostíbulos, fiestas particulares y espectáculos itinerantes. Era una vida peligrosa, pero mucho más gratificante e interesante que partirse la espalda bajo el sol.

Son muchas las historias que rodean esos viajes. La gente que estuvo con él dice que podía mantener una conversación en una habitación llena de personas mientras sonaba la radio de fondo, sin prestarle aparentemente ninguna atención, y al día siguiente tocar, nota por nota, cada una de las canciones que se habían emitido. También dicen que aparecía en algunas salas y con sus composiciones desgarradoras hacía llorar al público y, justo en ese momento, desaparecía en la oscuridad como si nunca hubiese estado allí. Otros simplemente le definen como un guitarrista brillante, el mejor guitarrista de blues de la historia, como afirmó muchos años después Eric Clapton, que bajo la influencia directa de su música le dedicó un homenaje en su disco “Me and Mr. Johnson”. Como músico errante y autodidacta, Johnson difundió el estilo picking que utilizaba todos los dedos de la mano derecha para tocar simultáneamente las cuerdas bajas acompañantes y un solo melódico sobre cuerdas agudas. Al mismo tiempo desarrolló el bottleneck, utilizando un cuello de botella roto para crear atmósferas. Sin embargo, Son House no le dio tanto crédito. Cuando le conoció, dijo, era un guitarrista del montón. Y es ahí donde nace la leyenda del diablo y el cruce de caminos y la fábula de su transformación.

El cruce de caminos (”crossroads”) forma parte de las creencias del hombre negro del sur estadounidense, herencia de los ritos africanos y una de las muchas señas de identidad de la población esclava en el continente americano. De África llegó la creencia en el conocido “hoodoo”, que viene a representar una especie de encantamiento que adquirió todo tipo de connotaciones en la cultura popular de los afroamericanos. Así, el “hoodoo man” era el brujo, el hechicero, con capacidad de crear sus conjuros de fortuna o desgracia, amor o desamor. Muchas canciones de blues de los años veinte y treinta se referían al “hoodoo”. Con esa voz apasionada, afectada por el día a día, el mismo Robert Johnson recoge todo tipo de referencias a este tipo de encantamientos. Entre todas las prácticas mágicas, se extendió que en el “crossroads” se podía invocar a los espíritus para conseguir conocimiento. Según señala Theophus Smith en su libro “Conjuring Culture: Biblical Formations of Black America”, todo este tipo de creencias llegó a mezclarse con referencias bíblicas, propias de la tradición misionera española. Mientras la población negra identificaba el cruce de caminos como un ritual donde invocar a los espíritus africanos, la población blanca puritana lo identificó con el diablo. Y en ese crossroads se asentó la idea de que Robert Johnson adquirió su talento, más aún cuando en su escaso cancionero se hallan piezas hipnóticas como ‘Cross Road Blues’ o ‘Me and the devil blues’. Sin embargo, hay diversos estudios anglosajones y españoles, como el llevado a cabo por Héctor Martínez, miembro de la banda madrileña de blues de The Forty Nighters, que apuntan que el cruce de caminos del músico de Mississippi forma parte de una descripción del cantante Tommy Johnson, amigo del propio Robert, y de cómo antes existía un tema llamado ‘Sold it to the devil’, que interpretó en los treinta Black Spider Dumpling. A partir de ahí, unas versiones e historias de unos y otros han dado forma un aspecto legendario que recayó sobre Robert Johnson.

El propio bluesmen contribuyó con su muerte a dar más pólvora al reguero de su leyenda. Murió joven, a los 27 años, en un cruce de carreteras en Greenwood, Mississippi, después de ser envenenado por un hombre que pensaba que se lo estaba montando con su mujer, pero ni esto está confirmado. Los adoradores del misterio afirman todavía que se trataba del propio demonio. Se fue muy pronto, eso es cierto, pero el fuego de su mito queda avivado para siempre: nadie sabe dónde está su verdadera tumba y sólo se conservan un par de fotografías (la revista “Vanity Fair”, en un reportaje hace un par de años, constató una tercera imagen junto al cantante Johnny Shines).

Su historia, por tanto, crece a medida que pasa el tiempo y su música rasga el alma como el primer día. Muy pocos artistas están cubiertos por el manto de auténtica leyenda como Robert Johnson, un músico genial, arquetipo del cantante blues del profundo sur. Incluso él, que aparece en las tres imágenes que se le atribuyen con sus largos dedos agarrando su vieja guitarra, dejó escrito un glorioso epitafio en ‘Me and The Devil blues’: “Enterrad mi cuerpo junto a la carretera, para que mi viejo y malvado espíritu pueda subirse a un autobús de la Greyhound y viajar”. Puro blues de leyenda.

martes, 23 de febrero de 2010

PROXIMOS CONCIERTOS

VIERNES 26 DE FEBRERO.......JUSTIN TCHTCHOUA ( AFRICA FUSION)

VIERNES 5 DE MARZO..........LOS PARPEL ( TRIBUTO A DEEP PURPLE)

VIERNES 12 DE MARZO ....ANGIE HERNA & SOUL FINGERS(FUNK,SOUL,BLUES)

VIERNES 26 DE MARZO.........SPANGLISH ( VERSIONES POP-ROCK 70-80)



miércoles, 17 de febrero de 2010

EL DIABLO Y ROBERT JOHNSON....DIEGO A. MANRIQUE

FUENTE...EL PAIS.COM


Pasan los Grammy. La cobertura televisiva lo reduce a una pasarela de divas, pero también tienen contenido musical: la Academia aprovecha para reconocer artistas que quedan por debajo del radar mediático. Así, se entregó un premio especial a David Honeyboy Edwards, una forma simbólica de saldar la inmensa deuda de la industria con Robert Johnson y demás gigantes del delta del Misisipi. Con 94 años, Honeyboy es uno de los últimos supervivientes de la consolidación del blues rural, cuyo ADN refuerza buena parte del rock y el rap.Simultáneamente, salta a la Red una noticia también conectada con Robert Johnson: ¡el cruce de caminos está en venta! Exacto, la encrucijada donde se supone que el bluesman prometió su alma a Satanás, a cambio de poderes musicales. Se trata de un terreno en la intersección de las autopistas 61 y 49 en Clarksdale, pueblo de Misisipi que vio crecer a John Lee Hooker o Muddy Waters. Pero es Robert quien hoy encarna esa música profunda.

El personaje es tan irresistible como misterioso. Se conserva el certificado de defunción de 1938, donde no se especifica -hay versiones para elegir- si le envenenó una mujer celosa, un marido cornudo o simplemente bebió un licor casero particularmente tóxico. No conoció la fama, nunca vio su nombre en un cartel, no tuvo manager. Pero los grupos británicos (Cream, Rolling Stones) se decidieron a recrear sus temas en los sesenta. La bola comenzó a rodar hasta que en 1990 se publicó una caja, las Complete recordings, que ha despachado casi un millón de copias.

El Ayuntamiento de Clarksdale, necesitado de turismo, bendice la idea de desarrollar un modesto parque temático, con su hotel y su tienda. Pero no tiene capacidad económica para semejante inversión ni, desde luego, la voluntad de gestionar la atracción. El propietario se ha cansado y pide 350.000 dólares; el comprador podría construir el Robert Johnson Park, pero también una iglesia, un supermercado o residencias unifamiliares.
Entre los amantes del blues han surgido vigorosas protestas. Discúlpenme, pero Misisipi está lleno de lugares donde los vecinos aseguran que allí, precisamente allí, ocurrió aquella transacción. Por el contrario, no hay referencias al diablo en Crossroads, la más difundida de las canciones de Robert (sí en otros temas de su exigua discografía). Pero la historia ha inspirado películas como Cruce de caminos, de Walter Hill (1987); también se la menciona en la memorable O brother! (2000), de los Coen.

Alguien oyó campanas: otro bluesman, Tommy Johnson, sí presumía de haber negociado con Lucifer. Todo proviene del rumor de que, inicialmente, Robert era un músico mediocre. Hacía 1930 se retiró y, un año después, reapareció tocando como un maestro. Testigos supersticiosos (¡o bromistas!) lo atribuyeron al famoso pacto, pero probablemente se dedicó a practicar. Un candidato a mentor es Ike Zimmerman; según sus descendientes, Ike y Robert iban por la noche a cementerios para ensayar.

Perdonen mi incredulidad: cuesta imaginar a dos músicos negros tocando en un cementerio, en el Sur de los años treinta. Pero resulta una imagen tentadora, como la del bluesman citando al diablo en una confluencia de carreteras. Lo cierto es que alardeamos de racionalidad a la vez que, condescendientes, aplaudimos los mitos de otras culturas.

Johnson estaba dotado para su instrumento: en las fotos se le ven dedos largos y finos. Según Keith Richards, en primeras escuchas pensaba que participaban dos guitarristas. Sin embargo, no era depositario de dones divinos o diabólicos: bastantes de las 29 canciones que registró circulaban por el delta e incluso ya se habían grabado.

Ni Robert Johnson era un artista único ni se alió con ningún demonio. Pero, como recordaba El hombre que mató a Liberty Valance, cuando la leyenda supera a la realidad, hay que publicar la leyenda.



viernes, 5 de febrero de 2010

VIERNES 26 DE FEBRERO....JUSTIN TCHATCHOUA



Justin es un camerunés del oeste del país, ya de niño mostró su talento y afición para la música al lado de su padre, un maestro en el arte de tocar el balafón, instrumento que su progenitor le enseña, además, le manda estudiar junto con grandes músicos del país, otros ritmos y un sinfín de cadencias musicales. Desde entonces su vida estará ligada a la música, sea como alumno o como artista consagrado, que mostrará su profesionalidaz, grabando varios discos y dando varios giros exhibiendo su música tanto en África como en Europa.

Con su Single “Love me the way I do”, producido por Rogers All Stars, llegó a vender más de 900.000 copias en Nigeria. En 1983, pudo realizar su sueño como cualquier joven inmigrante africano: abrirse un camino para una vida mejor en Europa. Desde entonces, ha sabido desarrollar su talento musical con un estilo propio y único en su género, en España donde ha hecho varias giras dando conciertos en todo el territorio español y en otros países europeos. Ha logrado vender varios discos y CDs que constan en su palmarés. Con EMI ODÉON su Single “Oh Kokoriko” fue el nº1 de las listas musicales de la emisora de radio española CADENA DIAl, entre numerosos artistas consagrados.
Ha colaborado con Rita Marley, viuda de Bob Marley, Enrique Urquijo, Hijas del Sol, Papa Wemba, The Waylers-groupe de Bob Marley-, Tito Duarte, etc.

Yo dedico este disco a todos los emigrantes que han tenido que abandonar sus países en busca de una vida mejor, más especialmente a “los Sinpapeles”, a aquellos que en la imposibilidad de costearse un viaje a Occidente en condiciones más dignas, se lanzan al mar, con el riesgo inminente de perder su vida en algún lugar desconocido.
Dedico también este disco a todos los que creen en la igualdad entre todos los seres humanos y luchan para la erradicación del hambre en el mundo Y, ¿cómo no? Me dirijo también a todos los amantes de la música étnica.
Los recuerdos de mi tierna infancia, cuando aprendía el manejo de “la mambala” y el balafón junto con mi padre, han sido la clave y fuente de inspiración de los ritmos y sonidos de este Álbum.
El contenido de estos discos es, por un lado, un resumen de mis vivencias, y por otro, mi preocupación personal como ser humano sobre todo lo que pasa y peligra la existencia del ser humano en el mundo hoy en día.





CAFE LA ALQUITARA
VIERNES 26 DE FEBRERO
JUSTIN TCHATCHOUA
12 NOCHE
ENTRADA LIBRE

GANADORES EN LA CATEGORIA BLUES EN LOS PREMIOS GRAMMY 2009

Mejor Album de Blues Tradicional: Ramblin' Jack Elliott - A Stranger Here

Mejor Album de Blues Contemporaneo: Derek Trucks Band - Already Free

Mejor Album de Cajun/Zydeco Album: Buckwheat Zydeco - Lay Your Burden Down






jueves, 4 de febrero de 2010

LA ALQUITARA.....12 DE FEBRERO....GERRY Mc.HUGH






CAFE-BLUES LA ALQUITARA

El escoces Gerry McHugh y su guitarra llevan juntos muchos años. La música siempre le ha acompañado en su carrera profesional desde que comenzó a actuar en televisiones y teatros británicos. En 2001 escribió, dirigió y actuó en la comedia musical "The Buck Run" basada en la historia de la música callejera. Con anterioridad ya había recorrido el país con la aclamada compañía escocesa "Wild Cats" en musicales tales como "La historia del rock and roll". Mientras trabajaba en el Teatro Lyceum de Edimburgo colaboró con Ricky Ross (vocal de los Deacon Blue) en la producción musical de la conocida obra de Shakespeare "Mucho ruido y pocas nuces" para el Festival Internacional de Teatro de Edimburgo, obra en la que también actuó. Además de sus trabajos teatrales, en ese tiempo también se dedicó a tocar con su grupo "The Skinny Dippers", un trío que durante siete años recorrió distintos cafés y auditorios con un variado repertorio de folk escocés e irlandés y canciones clásicas de los Beatles, los Rolling, Van Morrison y los Kinks. En los últimos meses Gerry se ha embarcado en un viaje en el tiempo, tratando de capturar la era del más temprano blues del Mississipi, del swing, el stomp y el jump and ragtime que dieron origen al jazz actual y al blues (eléctrico) de Chicago. Ha recuperado canciones de Fats Waller, Louis Jordan, Louis Armstrong, Cole Porter, Irvine Berlin, Robert Johnson, Jelly Roll Morton y Bobby Thorpe, cantantes y autores de los años 30, 40 y 50 que con su talento contribuyeron a enriquecer la música tal y como la conocemos hoy.


CAFE-BLUES LA ALQUITARA
VIERNES 12 DE FEBRERO
GERRY Mc.HUGH
12 NOCHE
ENTRADA LIBRE

lunes, 1 de febrero de 2010

CONCIERTOS FEBRERO

VIERNES 5 DE FEBRERO.....THE EXPLODING BOYS ( TRIBUTO A THE CURE )

VIERNES 12 DE FEBRERO ....GERRY Mc. HUGH

VIERNES 19 DE FEBRERO ... MALANDANZA

VIERNES 26 DE FEBRERO ...JUSTIN TCHATCHOUA ( AFRICA FUSION)

VIERNES 19 DE FEBRERO ....MALANDANZA





MALANDANZA pertenece al estilo de grupos denominados de autor, si bien debería incluirse en la categoría de indefinibles, teniendo en cuenta la procedencia y características de sus principios activos. Partiendo de unas intensas letras, el grupo experimenta con los ritmos y los estilos, ofreciendo un sorprendente repertorio que va de la balada al tango, del reggae al rock, o del blues a los ritmos africanos. La actuación en directo ofrece al público un espectáculo diferente, apto para todas las preferencias, edades y oidos, que se reinventa y renueva en cada canción.


Fernando Gamero. ..... Voz y guitarra española

Miguel Ángel Seco..... Guitarras

Lalo González..... Batería y percusiones

José Luis Chicote..... Piano

Óscar Pérez..... Bajo